Mitos y evidencia
El agua alcalina: qué dice realmente la ciencia
Existe un nicho de mercado importante basado en la idea de que beber agua con pH alto (entre 8 y 10) tiene beneficios para la salud: alcalinizar el cuerpo, mejorar el metabolismo, ralentizar el envejecimiento, combatir el cáncer. Esta afirmación tiene varios problemas fundamentales desde el punto de vista fisiológico.
El cuerpo regula su propio pH con independencia del agua
El pH de la sangre humana se mantiene en un rango muy estrecho: entre 7,35 y 7,45. Esta regulación es tan precisa y está tan bien controlada por el sistema tampón del bicarbonato, los riñones y la respiración, que lo que comemos o bebemos no lo modifica salvo en situaciones de enfermedad grave. Cuando se toma agua alcalina, el ácido del estómago (pH ~1,5-3,5) la neutraliza de inmediato. No existe ningún mecanismo fisiológico por el que beber agua de pH 9 eleve el pH de la sangre en una persona sana.
La excepción parcial: la enfermedad por reflujo ácido
Un estudio publicado en 2012 en Annals of Otology, Rhinology & Laryngology encontró que agua de pH 8,8 inactivaba la pepsina in vitro, una enzima gástrica implicada en el daño esofágico por reflujo. Esto ha llevado a algunos gastroenterólogos a sugerir que el agua alcalina podría tener un efecto beneficioso modesto en personas con reflujo laringofaríngeo. Es un resultado interesante pero limitado: un estudio de laboratorio, no un ensayo clínico en humanos, y con una enfermedad específica. No justifica generalizar el beneficio a la población sana.
La posición de la OMS y las sociedades médicas
La Organización Mundial de la Salud no recomienda el agua alcalina para ningún uso médico ni de salud general. Las principales sociedades de medicina interna, oncología y nefrología tampoco avalan sus supuestos beneficios. La evidencia disponible no respalda las afirmaciones de alcalinizar el cuerpo, mejorar el metabolismo o prevenir el cáncer mediante el consumo de agua de pH elevado.