Química del agua

pH del agua: qué es, cuánto debería tener el agua de grifo y cuándo importa

Publicado Actualizado

El pH del agua es uno de los parámetros más mencionados en debates sobre salud y calidad del agua. También es uno de los más malinterpretados. Existen afirmaciones muy extendidas sobre el agua alcalina que no tienen respaldo científico sólido, mientras que hay situaciones concretas donde el pH del agua sí tiene efectos medibles. Este artículo explica qué es el pH, qué dice la normativa española, dónde la evidencia es sólida y dónde no lo es.

La base

Qué es el pH y cómo funciona la escala

El pH (potencial de hidrógeno) es una medida de la concentración de iones de hidrógeno (H⁺) en una solución acuosa. Es una escala logarítmica que va de 0 a 14:

  • pH 7: Neutro. Es el pH del agua pura a 25 °C.
  • pH menor de 7: Ácido. Cuanto más bajo, más ácido. El vinagre tiene pH ~3, el zumo de limón ~2, el ácido de batería ~0.
  • pH mayor de 7: Alcalino o básico. El bicarbonato sódico diluido tiene pH ~8,3, la lejía doméstica ~12-13.

Al ser logarítmica, cada unidad representa una diferencia de diez veces en la concentración de iones H⁺. Un agua de pH 6 tiene diez veces más iones ácidos que un agua de pH 7, y cien veces más que un agua de pH 8. Esta escala hace que diferencias aparentemente pequeñas (de 7 a 9, por ejemplo) representen cambios químicamente grandes.

El pH del agua pura vs el agua real

El agua pura (H₂O destilada) tiene pH exactamente 7 a 25 °C, y eso cambia con la temperatura: a 10 °C, el agua pura tiene pH ~7,27 y a 37 °C pH ~6,81. Esto no significa que el agua se vuelva ácida al calentarse, sino que la escala de referencia neutro cambia con la temperatura. El agua que bebemos nunca es agua pura: siempre contiene minerales disueltos que modifican el pH. La presencia de bicarbonatos, muy habitual en el agua de grifo española, tiende a elevar el pH por encima de 7, hacia valores de 7,5-8,5.

Normativa española

El pH del agua de grifo en España: rangos legales y valores reales

El Real Decreto 3/2023, de 10 de enero, que transpone la Directiva Europea 2020/2184 y regula la calidad del agua destinada al consumo humano en España, establece el siguiente rango para el pH:

Entre 6,5 y 9,5.

Este es el rango paramétrico legal. Un agua con pH fuera de este rango se considera no conforme y el gestor del abastecimiento debe tomar medidas correctoras. La normativa europea y la OMS coinciden en este rango amplio, que cubre la práctica totalidad de las aguas naturales y tratadas sin riesgo para la salud.

Valores reales en el agua de grifo española

En la práctica, la mayoría del agua de grifo española tiene un pH entre 7,0 y 8,5. Los valores típicos según el tipo de agua son:

  • Aguas blandas del norte (Galicia, País Vasco, Asturias): pH generalmente entre 6,8 y 7,5. Más cerca de la neutralidad porque tienen menos bicarbonatos tampón.
  • Aguas duras del centro y sur (Madrid, Castilla, Valencia, Murcia): pH habitualmente entre 7,5 y 8,5. Los bicarbonatos elevados actúan como tampón y mantienen el pH alcalino.
  • Agua desalada (Canarias, Costa Mediterránea): pH ajustado artificialmente durante el tratamiento, habitualmente entre 7,5 y 8,0 tras la remineralización.

En ninguno de estos casos hay implicaciones para la salud. Un agua de pH 7,2 y un agua de pH 8,3 son igualmente seguras para beber si el resto de parámetros son correctos.

Mitos y evidencia

El agua alcalina: qué dice realmente la ciencia

Existe un nicho de mercado importante basado en la idea de que beber agua con pH alto (entre 8 y 10) tiene beneficios para la salud: alcalinizar el cuerpo, mejorar el metabolismo, ralentizar el envejecimiento, combatir el cáncer. Esta afirmación tiene varios problemas fundamentales desde el punto de vista fisiológico.

El cuerpo regula su propio pH con independencia del agua

El pH de la sangre humana se mantiene en un rango muy estrecho: entre 7,35 y 7,45. Esta regulación es tan precisa y está tan bien controlada por el sistema tampón del bicarbonato, los riñones y la respiración, que lo que comemos o bebemos no lo modifica salvo en situaciones de enfermedad grave. Cuando se toma agua alcalina, el ácido del estómago (pH ~1,5-3,5) la neutraliza de inmediato. No existe ningún mecanismo fisiológico por el que beber agua de pH 9 eleve el pH de la sangre en una persona sana.

La excepción parcial: la enfermedad por reflujo ácido

Un estudio publicado en 2012 en Annals of Otology, Rhinology & Laryngology encontró que agua de pH 8,8 inactivaba la pepsina in vitro, una enzima gástrica implicada en el daño esofágico por reflujo. Esto ha llevado a algunos gastroenterólogos a sugerir que el agua alcalina podría tener un efecto beneficioso modesto en personas con reflujo laringofaríngeo. Es un resultado interesante pero limitado: un estudio de laboratorio, no un ensayo clínico en humanos, y con una enfermedad específica. No justifica generalizar el beneficio a la población sana.

La posición de la OMS y las sociedades médicas

La Organización Mundial de la Salud no recomienda el agua alcalina para ningún uso médico ni de salud general. Las principales sociedades de medicina interna, oncología y nefrología tampoco avalan sus supuestos beneficios. La evidencia disponible no respalda las afirmaciones de alcalinizar el cuerpo, mejorar el metabolismo o prevenir el cáncer mediante el consumo de agua de pH elevado.

Cuando sí importa

Situaciones en que el pH del agua tiene efectos reales

Café y té

El pH afecta a la extracción

En el mundo del café de especialidad, el pH del agua influye en la solubilidad de los compuestos aromáticos y en la acidez percibida en la taza. Un agua ligeramente ácida (pH 6,5-7) facilita la extracción de compuestos ácidos y da mayor claridad de sabor. Un agua alcalina (pH 8+) puede aplanar la acidez y resultar en un espresso o un café de filtro más plano. La alcalinidad (bicarbonatos) tiene más efecto sobre el sabor del café que el pH en sí, pero están relacionados.

Tuberías

El pH bajo corroe las tuberías

El agua con pH por debajo de 6,5 es corrosiva para tuberías metálicas. Puede disolver el plomo de soldaduras antiguas y el cobre de las tuberías, aumentando la concentración de estos metales en el agua. Esta es una razón sanitaria importante por la que la normativa establece el límite inferior de pH en 6,5, no en 7. Un pH ácido en el agua de grifo es una señal de alerta que debe investigarse.

Eficacia del cloro

El pH afecta a la desinfección

La eficacia del cloro como desinfectante depende en gran medida del pH del agua. A pH bajo (ácido), el cloro existe principalmente como ácido hipocloroso (HOCl), que es mucho más eficaz como desinfectante que el ion hipoclorito (OCl⁻), que predomina a pH alto. A pH 7, aproximadamente el 75 % del cloro está en forma de ácido hipocloroso; a pH 8, ese porcentaje baja al 25 %. Por eso, en el tratamiento del agua se controla el pH con cuidado para mantener la eficacia de la cloración.

Piel y cabello

El pH del agua y la piel

La piel tiene un pH ligeramente ácido (entre 4,5 y 5,5) que ayuda a mantener su barrera protectora y controlar la microbiota cutánea. El agua alcalina eleva temporalmente el pH de la superficie de la piel, lo que puede alterar esta barrera. El efecto es temporal porque la piel tiene mecanismos para restablecer su pH habitual, pero en pieles sensibles o atópicas, lavados repetidos con agua muy alcalina pueden contribuir a la irritación. Es un efecto modesto que no afecta a la mayoría de las personas.

Medición

Cómo medir el pH en casa

Existen dos métodos principales para medir el pH del agua doméstica:

Tiras reactivas de pH

Son papeles impregnados con indicadores colorimétricos que cambian de color según el pH. Se sumergen unos segundos en el agua, se sacan y se compara el color resultante con una tabla de referencia incluida en el envase. Son económicas (un sobre de 100 tiras cuesta entre 3 y 8 euros) y suficientes para saber si el pH está en el rango correcto. Sus limitaciones son la imprecisión (resolución de 0,5-1 unidad de pH) y la dificultad de leer colores en aguas teñidas o turbias. Para conocer si el agua está entre 6,5 y 9,5 son perfectamente válidas.

Medidor electrónico de pH

Los pHmetros digitales portátiles miden el pH mediante un electrodo de vidrio que genera un voltaje proporcional a la concentración de iones H⁺. Son mucho más precisos (resolución de 0,01-0,1 unidades de pH) y fáciles de usar. El precio de los modelos básicos para uso doméstico oscila entre 10 y 30 euros. Para mantener la precisión, el electrodo debe calibrarse periódicamente con soluciones tampón de pH conocido (normalmente pH 4 y pH 7), que vienen incluidas en muchos packs o se venden por separado a bajo coste. Los electrodos tienen una vida útil limitada (generalmente 1-2 años de uso regular) y deben mantenerse hidratados.

Cuándo tiene sentido medir

Para la mayoría de hogares con agua de grifo municipal, medir el pH no es necesario: los análisis del SINAC ya lo incluyen y los gestores controlan que esté dentro del rango legal. La medición doméstica tiene más sentido si tienes un sistema de tratamiento de agua (ósmosis inversa, filtro remineralizador) y quieres verificar que funciona correctamente, si tienes pozo propio, o si preparas café de especialidad y quieres ajustar el agua para optimizar la extracción.

Relaciones

Relación entre pH, dureza y ósmosis inversa

pH y dureza del agua

El pH y la dureza del agua están relacionados pero no son lo mismo. En la mayoría de las aguas naturales españolas, a mayor dureza (más calcio y magnesio disueltos), mayor presencia de bicarbonatos (que actúan como tampón alcalino) y, por tanto, mayor pH. Sin embargo, la relación no es universal: hay aguas con alta dureza sulfática (calcio y sulfatos en lugar de bicarbonatos) que pueden tener pH más bajo. La dureza mide los iones divalentes (calcio y magnesio); el pH mide la acidez o alcalinidad total del agua, que depende del sistema tampón completo.

Qué hace la ósmosis inversa con el pH

La ósmosis inversa es un proceso de filtración a nivel molecular que retiene prácticamente todos los iones y minerales disueltos, produciendo un agua con TDS muy bajo. Al eliminar los bicarbonatos que actúan como tampón alcalino, el agua resultante pierde su resistencia a la acidificación. El CO₂ disuelto en el agua (presente en pequeñas cantidades en cualquier agua expuesta al aire) forma ácido carbónico, que baja el pH. El resultado es que el agua de ósmosis inversa sin tratar tiene típicamente un pH entre 5,5 y 6,5, ligeramente ácido.

Este pH bajo tiene implicaciones prácticas: el agua ácida es más corrosiva para las tuberías, y si se usa para café, produce una extracción con exceso de acidez. Por esta razón, los sistemas de ósmosis inversa de calidad incorporan etapas de remineralización posteriores (habitualmente con calcita o un cartucho de minerales) que elevan el pH y añaden calcio, magnesio y bicarbonatos hasta un rango equilibrado. Comprobar el pH del agua tras la instalación de una ósmosis es una práctica recomendada.

Revisado por el Equipo editorial de Hablemos del Agua · Actualizado: junio 2026

Preguntas frecuentes

Dudas habituales sobre el pH del agua

No hay evidencia científica sólida que respalde los beneficios de salud del agua alcalina en personas sanas. El cuerpo humano regula el pH de la sangre de forma muy precisa con independencia de lo que se beba. Las afirmaciones de "alcalinizar el organismo" no corresponden a ningún mecanismo fisiológico documentado. La excepción parcial podría ser su uso en personas con reflujo laringofaríngeo, pero incluso aquí la evidencia proviene de estudios preliminares, no de ensayos clínicos definitivos.

La normativa española (RD 3/2023) establece el rango permitido entre 6,5 y 9,5. La OMS considera aceptable el mismo rango. En la práctica, el agua de grifo española suele estar entre 7 y 8,5, que es un rango perfectamente adecuado. No existe un "pH ideal" único para la salud, ya que la fisiología humana es indiferente a variaciones de pH dentro del rango normal del agua potable.

Porque la ósmosis inversa elimina los bicarbonatos que actúan como tampón alcalino. Sin ellos, el pequeño contenido de CO₂ del agua baja el pH. El agua resultante es ligeramente ácida (pH 5,5-6,5). Esto se corrige con una etapa de remineralización posterior, que añade minerales y bicarbonatos para llevar el pH a un rango neutro o ligeramente alcalino.

El pH en sí tiene un efecto modesto sobre el sabor del agua. Las personas no perciben directamente el pH, pero los compuestos asociados (bicarbonatos que elevan el pH, ácido carbónico que lo baja) sí tienen sabor perceptible. El bicarbonato aporta un toque mineral o alcalino; el CO₂ aporta ligereza y frescura. En el café y el té, el pH del agua influye en la extracción y en la acidez percibida de la bebida final.

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